Juan Manuel Acuña

MC: fachada digital

MC: fachada digital

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

A nivel nacional, el partido juega mucho a la percepción, al marketing de emociones y a capturar el voto joven que está desencantado de la política formal. Pero cuando bajas el balón a las regiones, la realidad cambia. En Jalisco y Nuevo León han gobernado con lógicas locales muy específicas, pero en estados como el nuestro, en Sinaloa, el reto es totalmente distinto: aquí la política se camina y se decide con dinámicas territoriales muy arraigadas, donde las campañas puramente de aire o digitales no siempre logran romper el bipartidismo de facto o las alianzas dominantes. No se puede gobernar un estado como el nuestro, de realidades tan crudas, solo con estrategias de comunicación elaboradas desde Guadalajara, Monterrey o la Ciudad de México.

Movimiento Ciudadano es el gran producto de la mercadotecnia política moderna: atractivo, bien empacado y muy hábil para conectar con las emociones de las nuevas generaciones. El problema surge cuando el electorado empieza a exigir sustancia detrás del algoritmo y descubre que los vicios del poder no se quitan solo con cambiar de color. ¿Son en Sinaloa una verdadera opción de contrapeso o actúan como una pieza que fragmenta el voto opositor para beneficiar al oficialismo?

Para entender esta paradoja en el escenario local, basta con mirar a quien hoy encabeza las decisiones del partido en el estado: Sergio Esquer Peiro. Su papel en la conducción de Movimiento Ciudadano en Sinaloa es el vivo ejemplo de cómo se puede hacer una pésima lectura de la realidad territorial. El arribo del empresario agrícola a la dirigencia naranja se vendió como la llegada de un perfil “ciudadano” y de prestigio, pero en la práctica, su gestión ha resultado sin brújula política. Esquer parece no entender que liderar un partido en Sinaloa exige ensuciarse los zapatos en el territorio, construir estructuras desde abajo y hablar el lenguaje de la calle. En su lugar, ha preferido mantener una postura cómoda, operando con la misma lógica elitista que ya demostró sus límites en el pasado.

Bajo su mando, el partido no se siente como una oposición vibrante ni como una alternativa real; se percibe como una marca fría. Al no conectar con las causas populares ni pisar los seccionales, la dirigencia de Esquer termina jugando el papel de esquirol perfecto: debilita los bloques opositores tradicionales por el simple hecho de dividir el voto, pero sin la fuerza ni la estrategia para capitalizar ese descontento en favor de una verdadera alternancia.

Y cuando digo que no conectan y que no pisan los seccionales, es porque en realidad están huérfanos de ellos. Falta mucho, muchísimo trabajo que hacer abajo, en la base, y a esta dirigencia simplemente se le fue el tiempo. Claro que este abandono del trabajo seccional no es un problema exclusivo de MC; en ese terreno el PAN tampoco hace malos quesos, y hoy por hoy, el único que todavía puede presumir algo de estructura es el PRI.

En política, el vacío que no se llena con trabajo territorial se convierte en simulación. Mientras el discurso nacional de MC habla de disrupción y futuro, la realidad sinaloense bajo la gestión de Sergio Esquer se reduce a un partido bonito en las redes, pero completamente invisible en los campos, las colonias y las urnas de nuestro estado.

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