Juan Manuel Acuña

 El ultimátum de la sociedad

El ultimátum de la sociedad

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

Nunca pensé que pudiera decir esto. Pero después de haber analizado fríamente el panorama y la actitud de los tres principales partidos de oposición, su terquedad absoluta de querer ir solos a las urnas —a sabiendas de que eso es entregarle el estado otra vez al oficialismo— no me deja la menor duda: Sinaloa está perdido.

Por más gritos de alerta que hemos dado, por más datos crudos, realistas e indiscutibles que les hemos puesto sobre la mesa, las dirigencias partidistas han hecho oídos de cochi; les entra por un lado y les sale por el otro.

Y hay que decirlo con todas sus letras: Sinaloa está perdido porque, si las cosas siguen igual, es un hecho que Morena ganará otra vez. Y no porque sean invencibles, sino por la soberbia y la ceguera voluntaria de los partidos de oposición. Al ganar el oficialismo de nuevo, nos esperan seis años peores que los que ya estamos padeciendo, listos para complementar la demolición absoluta de lo poco que queda en pie en nuestro estado.

La realidad es mucho más grave y miserable: estos dirigentes ya no aspiran a ganar; su verdadera ambición es convertirse en la servidumbre de lujo del régimen antes que asumir el riesgo, el trabajo y el carácter que se requieren para defender a Sinaloa. Han decidido que es más seguro administrar las ruinas del estado desde la sombra que pararse en la línea de fuego. Su división no es una estrategia electoral; es su carta de rendición firmada por adelantado.

Al fragmentarse, no solo están perdiendo una elección. Están entregando el campo, los negocios, las calles y la tranquilidad de nuestras familias. Lo que viene no es un simple relevo de gobierno; es el desmantelamiento definitivo de la economía y de la vida social sinaloense.

Ante esta soberbia suicida, la sociedad civil organizada no tiene por qué quedarse cruzada de brazos a ver cómo rifan el futuro de nuestras familias. Si los partidos de oposición deciden ignorar a los ciudadanos para irse solos, pavimentando el triunfo del oficialismo, entonces la respuesta de la gente debe ser implacable: debemos emprender una campaña abierta, masiva y de frente de no votar por ellos.

Así de claro, sin medias tintas y sin titubeos:

No votes por el PRI, ni por el PAN, ni por MC. No vale la pena.

Si ellos prefieren su orgullo y sus siglas antes que a Sinaloa, que la ciudadanía organizada los empuje al abismo de la extinción electoral de una vez por todas. Si van a ser cómplices del desastre por omisión, que se vayan a la tumba política solos, pero que no arrastren el futuro de nuestro estado con ellos. Sinaloa ya no está para mantener parásitos de la derrota. Si no reaccionan hoy, que el vacío de las urnas los sepulte mañana.

 

En el fondo, lo admito, no me gustaría que tuviéramos que tomar esa decisión extrema. Es menester seguir insistiendo por todos los medios en lograr la alianza opositora. Pero si la terquedad de sus cúpulas insiste en mantenerse, tendremos que actuar.

Llegado ese escenario de ruptura definitiva, nos quedaría una sola opción por jugar: apoyar con todo a Somos MX Sinaloa.

Sé perfectamente que es ir contracorriente, pero sería la última oportunidad real que tendríamos como ciudadanos para construir un contrapeso auténtico. Y sí, ya escucho venir los comentarios de quienes dirán que le estoy haciendo publicidad a Somos MX, pero lo mío no es propaganda: es simple, llana, fría y descarnada estrategia de supervivencia política.

Insisto: la alianza amplia es la solución lógica y la ruta más segura. Los dirigentes del PRI, PAN y MC todavía están a tiempo de recapacitar y evitar el desastre. El balón está en su cancha. Decidan si quieren ser héroes o los sepultureros de Sinaloa.

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