Retirado que no se retira

Retirado que no se retira
Por Juan Manuel Acuña Salomón
En la política sinaloense, los silencios y las supuestas retiradas suelen ser más ruidosos que las campañas mismas. En estos días en que el termómetro de las calles registra una mezcla de hartazgo y desconcierto, llama la atención cómo se pretende mover los hilos del poder desde la aparente barrera.
Hay quienes, con la autoridad que les da la experiencia, lanzan diagnósticos impecables sobre la realidad del estado de cara al periodo 2027-2033. Exigen proyectos disruptivos, hablan de combatir camarillas mafiosas que han saqueado al estado por más de 25 años, de rescatar al campo del abandono institucional y de plantear soluciones reales a la seguridad en coordinación con la federación y el vecino país del norte. Hasta ahí, cualquiera firmaría el manifiesto; la radiografía es dolorosamente exacta. Lo bizarro empieza cuando, tras detallar un programa de gobierno tan estructurado y ambicioso, cierran la puerta con un elegante: “A mí ya no me toca, yo ya cerré mi ciclo en febrero de 2019 y me retiré de la política electoral”.
Pero en Sinaloa nos conocemos todos. Quienes entienden la naturaleza del animal político saben perfectamente cuándo se está tirando la toalla y cuándo, en realidad, se le está midiendo el agua a los camotes.
Esa técnica de dictar los ejes clave del próximo sexenio no es un ejercicio de nostalgia ni un desinteresado consejo ciudadano. Es, en el fondo, poner la vara tan alta que la actual pasarela de aspirantes “ansiosos” quede en ridículo. La crítica implícita es demoledora: hoy vemos demasiados personajes moviéndose por la gubernatura que padecen de una preocupante miopía estratégica. Saben que quieren la silla, pero no tienen la menor idea de para qué sirve, salvo para cumplir un sueño de ego personal, enfermarse de poder o entregarse a la frivolidad.
El verdadero fondo de este fenómeno no es la indecisión de los que dicen irse, sino la alarmante vaciedad de los que pretenden llegar. Ante un panorama donde los partidos políticos tradicionales son cascarones desprestigiados que van contracorriente, el vacío de liderazgo es inmenso. Y en política, los vacíos siempre se llenan.
Quien lanza una hoja de ruta tan clara para el estado y luego se descarta, en realidad está haciendo un estricto control de calidad. Está observando el tablero desde su trinchera, esperando a ver si alguien en la sociedad organizada tiene el arrojo de recoger el guante o si la mediocridad del escenario obligará a un “retorno por causas de fuerza mayor” porque el estado ya no soporta la improvisación.
Sinaloa ya no aguanta ser administrado en la opacidad ni replicar fórmulas importadas. El reto de gobernar bien sigue flotando en el aire. Mientras los aspirantes de siempre sigan instalados en la simulación, los “retirados” seguirán dictando la agenda y midiendo el agua desde la prensa escrita. Al tiempo.





