La ALIANZA TOTAL está muerta

La ALIANZA TOTAL está muerta
Por Juan Manuel Acuña Salomón
Fui un convencido —y lo sostuve en repetidas ocasiones— de que con una unión de todas las fuerzas opositoras se le ganaba a MORENA en Sinaloa. Sin embargo, en el análisis político no caben los deseos románticos, solo la realidad. Y la realidad hoy nos dice que esa alianza total de siglas está muerta. Afirmarlo no es una ocurrencia; es leer la autopsia de una estrategia que colapsó antes de nacer debido a los intereses de sus propios dueños.
Este escenario tradicional colapsó por factores muy claros e insalvables. Por un lado, Movimiento Ciudadano ya tasó su valor en ir solos; su estrategia nacional es colgarse la medalla de “lo nuevo” y pepenar el voto joven y de clase media, por lo que aliarse con el PRI o el PAN en Sinaloa sería un suicidio discursivo que no va a pasar. Por el otro, el PAN viene saliendo de su renovación con una línea clara de soltar la mano del PRI, porque la marca tricolor les inyecta más negativos de los que les suma, prefiriendo competir con perfiles propios antes que firmar otro cheque en blanco hacia el fondo. Al final, todo se reduce a la miopía de las cúpulas; las dirigencias prefieren asegurar sus posiciones plurinominales y sus prerrogativas locales antes que ceder candidaturas clave a ciudadanos. Quien diga lo contrario te está vendiendo ilusiones o no sabe leer las señales nacionales.
Ante la muerte adelantada de la alianza de partidos, el escenario no es de derrota, sino de oportunidad pura. El mito de la imbatibilidad de Morena se cayó; el desgaste oficialista y el hartazgo fracturaron su narrativa. ¿Es posible ganarles en 2027? Sí, pero la mesa quedó puesta exclusivamente para una ALIANZA TOTAL CIUDADANA.
Metiendo los números a la licuadora del análisis frío, el desgaste de la marca oficialista es mayúsculo. Hoy, el voto duro de supervivencia y piso mínimo para la alianza Morena-PVEM-PT se sitúa en un rango de entre 330,000 y 350,000 votos. Si lo traducimos a un escenario de participación estimado en un millón setenta mil votantes, la izquierda oficialista trae un porcentaje neto de apenas 31% a 33%.
Si Morena retrocede a ese piso de 340,000 votos, se abre un boquete enorme de 284,225 ciudadanos que ya no van a votar por ellos. ¿Quiénes son? Es la clase media urbana y productiva de Culiacán, Mazatlán, Ahome y Guasave. Los que en 2021 dieron el beneficio de la duda, pero que hoy viven alienados por el colapso de la seguridad, el estancamiento económico y el abandono al campo y la empresa. Esos más de 284,000 votos andan buscando casa; no quieren nada con el pasado del PRI-PAN y repudian su presente con Morena.
A esto sumémosle la pudrición interna. El proceso actual de depuración de Morena va a dejar una carnicería de heridos y resentidos políticos. Decenas de operadores de base ya vieron que los dados están cargados y, cuando se dé la ruptura oficial, no van a buscar refugio en los partidos tradicionales porque ideológicamente no cuadran o no hay espacio.
En este Sinaloa hiperfragmentado, las nuevas opciones son las únicas viables. Este 25 de junio, Somos MX pondrá sus cartas sobre la mesa y habrá que analizarlos a fondo. Al ser una marca fresca y sin pasados oscuros locales, tienen el ADN para convertirse en el receptor natural de ese descontento clasemediero y de la estructura disidente que sabe movilizar.
El único escenario donde un candidato ciudadano de Somos MX puede ganar la gubernatura es detonando un efecto polarizador inverso. Es decir, que su campaña prenda tanto que la ciudadanía aplique el voto útil masivo, dejando al PRI y al PAN como fuerzas testimoniales y convirtiendo a Somos MX en el verdadero polo opositor.
Si capitalizan su método de primarias abiertas y postulan a ciudadanos reales —líderes agrícolas en Guasave, empresarios turísticos o portuarios en Mazatlán, y perfiles respetados en Culiacán y Los Mochis—, van a generar un arrastre de abajo hacia arriba. Las clases medias van a ver rostros de su propia comunidad en la boleta, no a los mismos de siempre.
La clase media sinaloense, cuando se decide a salir a votar de manera masiva por un perfil fresco, es capaz de tumbar cualquier estructura. Si superamos el 60% de participación urbana, no hay ratón loco, operativo de tamales ni carrusel oficialista que les alcance. El tablero político se mueve a una velocidad que las cúpulas todavía no procesan. La alianza total de partidos no se va a dar, pero la alianza total ciudadana sí es posible, y la mesa le quedó servida a Somos MX.





