Por el bien de Sinaloa es momento de cerrar filas

Por el bien de Sinaloa es momento de cerrar filas
Por Juan Manuel Acuña Salomón
En una reciente reunión se escuchó: “un grupo más”. Analizando la frase con detenimiento, la reflexión se vuelve ineludible: no necesitamos más colectivos, ni asociaciones. La ciudadanía está legítimamente cansada de la constante proliferación de siglas que terminan atomizando los esfuerzos en lugar de sumar. Cada nuevo grupo que nace con intenciones similares a los ya existentes no multiplica la fuerza; la divide. Cuando la gente ve que todos buscan liderear su propia parcela, deja de creer. El ego organizacional y la búsqueda de protagonismo son hoy el mayor obstáculo para la unidad genuina.
Lo que realmente ocupamos es cohesión; formar un frente sólido con objetivos claros, no solo dentro de la sociedad civil, sino en convergencia con los partidos de oposición. Unidad no significa uniformidad ni pensar exactamente igual en todo; significa pragmatismo alrededor de mínimos indispensables para construir una alternativa real de poder.
El margen para la dispersión y la queja se agotó. Con el inicio formal del proceso electoral, fijado legalmente para este 10 de septiembre, el panorama cambia de manera radical. Entra en funciones el árbitro electoral, se fijan las reglas del juego y el reloj político empieza a correr a una velocidad que no perdona distracciones.
A partir de hoy, la crítica sistemática hacia los partidos políticos deja de ser un ejercicio constructivo y se convierte en un auténtico contrasentido. Guste o no, en el terreno normativo e institucional, los partidos son el único vehículo legalmente facultado para postular candidatos y disputar el poder en las urnas. Pretender prescindir de ellos es ignorar la realidad de las reglas del juego. La sociedad civil no debe buscar convertirse en partido, sino articularse con tal firmeza que pueda exigir, influir y hacer valer su peso dentro de las estructuras existentes.
Por su parte, los partidos tampoco pueden solos. Necesitan de forma urgente la legitimidad, el dinamismo y el respaldo genuino de la ciudadanía organizada. Se trata de una alianza estratégica e inevitable: la sociedad aporta la agenda, las causas y la fuerza territorial; los partidos, la estructura legal y el registro formal.
Llegó la hora de pasar de la proliferación de colectivos a la consolidación de una mesa de coordinación unificada. Es momento de hacer un llamado respetuoso pero firme a los líderes de la sociedad civil para deponer liderazgos individuales y personalismos en favor de una sola plataforma, así como a los partidos de oposición para que abran verdaderamente sus puertas a propuestas y candidaturas ciudadanas bajo un solo bloque incuestionable.
Pero lo partidos políticos deberán hacer a un lado las candidaturas que hasta ahora han mostrado públicamente. Deben entender que el candidato idóneo no necesariamente tiene que salir de entre su militancia partidista. Si de unidad hablamos, tiene que surgir un personaje que sume a todos; alguien que convoque, que genere esperanzas entre los electores. Los partidos deben sacrificar sus cartas en favor de la unidad opositora. Es preferible elegir a un tercero en discordia, que a uno que traiga la camiseta bien puesta de un solo partido.
Por otra parte, la ciudadanía crítica no tiene por qué renunciar a sus exigencias ni a su independencia, pero debe encauzarlas dentro de un proyecto común. Frente al árbitro electoral y ante el electorado, la tarea ya no es señalar imperfecciones pasadas, sino construir la fuerza necesaria para competir con dignidad, firmeza y capacidad real de triunfo. Es momento de dejar de lado la tentación de ser “un grupo más” y asumir la responsabilidad histórica de cerrar filas por el futuro de Sinaloa.





