Sergio Rosales

Sinaloa en jaque: El voto como brújula frente al fracaso del gobierno

Sinaloa en jaque: El voto como brújula frente al fracaso del gobierno

Por Sergio Rosales Inzunza

 

Sinaloa no necesita más promesas ni nuevos discursos; necesita despertar.

Durante décadas, la inercia del mal gobierno y la apatía electoral nos han arrastrado al ojo de un huracán de inseguridad, polarización y olvido. Pero el destino de nuestro estado no le pertenece a la clase política ni a sus intereses mezquinos: le pertenece a la ciudadanía. Es momento de dejar de ser espectadores de nuestra destrucción y transformar el voto en la brújula que nos devuelva la paz, la justicia y la dignidad que nos han arrebatado.

La realidad del estancamiento y la retórica vacía

Corregir las fallas de gobierno no está en la agenda de los políticos ni de los partidos, y la sociedad civil a menudo desconoce la magnitud con la que estas deficiencias impactan su vida diaria. En la antesala de un proceso electoral que inicia formalmente este 10 de septiembre, solo Morena —y por ende el PT y el PVEM— ha seleccionado a quien llama su «Coordinadora Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional». Un eslogan cuya retórica ni sus propios impulsores comprenden, pues el prometido «segundo piso» está construido sobre polarización, pobreza, desempleo, informalidad, ineficiencia, mediocridad, corrupción, deuda e inseguridad.

En la oposición, la situación no es mejor. Abundan figuras sin relevancia cívica, pero con una ambición desmedida de poder; actores que carecen de visión para administrar la inercia de un Estado paralizado por sus propias fallas. Ningún político ni partido tiene hoy una respuesta clara sobre cómo sacar a Sinaloa del ojo del huracán al que ha sido anclado, una tormenta que cada administración vuelve más destructiva.

Del dolor social a la responsabilidad cívica

Nuestra realidad es dolorosa. En cada hogar sinaloense hay testimonios del daño causado por la ineficiencia gubernamental; un daño que, por ignorancia o conformismo, hemos legitimado con nuestro voto. Eso nos vuelve cómplices y responsables de nuestra destrucción. Sin embargo, si el poder del voto es determinante, hoy debe ser ejercido de manera premeditada, inteligente y con la firmeza necesaria para construir el estado que anhelamos: un lugar donde reine la paz, la justicia, los derechos humanos, la educación y los valores; un puerto al que la partidocracia tradicional no sabe cómo llegar.

Esta vez, la ciudadanía debe convertir su voto en la brújula que la lleve al puerto de su realización. No será con calumnias, sino con la fuerza de propuestas sólidas capaces de generar un movimiento impenetrable frente a los intereses mezquinos que predominan en la política.

Debemos comprender a fondo el valor de la democracia, la división de poderes y el alcance de la soberanía legislativa para el bienestar de Sinaloa. Asimismo, es urgente conectar con los sectores más vulnerables a través de estrategias reales que los liberen de la trampa de la pobreza e impulsen la grandeza de su autonomía.

El compromiso del sector empresarial y sus organismos

En esta cruzada por el rescate de Sinaloa, la iniciativa privada y las cámaras empresariales no pueden continuar operando bajo la comodidad de la neutralidad estéril o la prudencia complaciente. El empresario —desde el microemprendedor hasta el gran industrial— no es un mero espectador económico; es un pilar social cuya inversión, empleo y esfuerzo son sofocados diariamente por la extorsión, la inseguridad y la tramitología de gobiernos ineficientes.

Es hora de que los organismos empresariales asuman un liderazgo cívico audaz y determinante. Su papel no debe limitarse a exigir garantías para los negocios; deben apoyar el pensamiento crítico y la articulación de propuestas técnicas que obliguen a los partidos a elevar la vara. La prosperidad económica no existe sin paz ni estado de derecho, y defenderlos exige que el sector productivo abandone las tibiezas, rompa el cerco de la apatía y encabece el llamado a la reconstrucción institucional de Sinaloa.

La fuerza social y la reagrupación política

El conocimiento y las soluciones no están en la clase política ni en sus siglas, sino dispersos en la sociedad. Buena parte de ese caudal ciudadano formó parte de la «marea rosa», motor que hizo posible la conformación del partido SOMOS.

Frente a este panorama, las fuerzas locales desempeñan un papel fundamental. El PAS es un actor territorial clave que debe demostrar su capacidad para defender el interés superior de campesinos, pescadores, ejidatarios, microempresarios y, sobre todo, de las madres que no descansarán hasta dar sagrada sepultura a sus hijos desaparecidos. La supervivencia del PAS no dependerá de las migajas que en lo individual le ofrezcan otros partidos, sino de que la sociedad lo adopte como un vehículo para alcanzar la paz con prosperidad.

Asimismo, el partido SOMOS debe mantenerse fiel al origen de su creación. Sus voceros deben dirigirse a la sociedad sin narrativas genéricas, hablando con la autoridad y el conocimiento que exige un movimiento decidido a salir del huracán.

El llamado inevitable a la unión

La ciudadanía ha hablado con un grito contundente: no exige el triunfo de un partido ni el encumbramiento de un político, sino la urgencia de un buen gobierno. Las cartas están sobre la mesa y el control del tablero debe quedar en manos de una sociedad capaz de dar jaque al rey de los malos gobiernos.

El tiempo de los cálculos individuales y la soberbia partidista se ha agotado. La ciudadanía ya no tolerará franquicias políticas divididas que solo compiten por las migajas del poder mientras Sinaloa se hunde. Para el PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano, la lección es clara y tajante: o entienden el momento histórico y se suman con humildad a una gran avalancha cívica y social, o se condenan a ser simples espectadores de su propia extinción. La mesa está puesta, la sociedad ha tomado la iniciativa y la unión ya no es una opción estratégica más; es el único camino para no ser barridos por la historia.

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