Sergio Rosales

Entre el caballo negro y el cisne negro

Entre el caballo negro y el cisne negro

Sergio Rosales Inzunza

 

El elemento crucial que rompe la inercia del cálculo partidista es la irrupción del caballo negro: esa figura ciudadana, empresarial o social que no pertenece a las cúpulas ni responde a cuotas de grupo, pero que posee la autoridad moral, la trayectoria y el peso real para convocar a la sociedad entera.

Sin embargo, para que el caballo negro pase de ser un mero anhelo a un catalizador político real, es indispensable que estos liderazgos hagan explícita y frontal su aspiración cívica a gobernar.

Las figuras con trayectoria limpia e independencia política no pueden seguir esperando en la sombra a que las dirigencias o los políticos tradicionales “les abran paso” por buena voluntad. Si la ciudadanía con capacidad técnica y solvencia ética no levanta la mano abiertamente y declara su intención de asumir el mando, la coyuntura seguirá siendo administrada por la complacencia de siempre.

Hacer explícita la aspiración cívica logra tres efectos decisivos:

  1. Rompe el monopolio de las cúpulas: Obliga a los partidos tradicionales a entender que ya no son la única opción ni los dueños absolutos de la representación.
  2. Despierta el voto apático: Ofrece a la ciudadanía una verdadera alternativa de gobierno basada en el mérito, la capacidad y la arquitectura de contrapesos, en lugar de la alineación partidista.
  3. Pasa de la crítica a la acción: Demuestra que la sociedad civil y el sector productivo no solo señalan el desastre, sino que están listos para asumir la responsabilidad de gobernar y reconstruir el estado de derecho.

En 2027, el caballo negro solo cambiará el rumbo si decide dar la batalla de cara a la sociedad, reclamando el lugar que el político tradicional ya no puede ni sabe representar

 

A quienes hoy se mencionan como el caballo negro, la reflexión es incómoda pero inevitable: esperar también es una decisión. Las candidaturas no se heredan por méritos ajenos; se ocupan. Si la sociedad no los ve dar el paso al frente a tiempo, otros llenarán ese espacio con los cálculos de siempre, y la trayectoria limpia que hoy los distingue quedará como una oportunidad que se dejó pasar. Sinaloa no necesita admiradores silenciosos de su capacidad: necesita a quien esté dispuesto a asumir el costo de gobernarla.

Y a Mario Zamora y a Paola Garate les conviene tomarse en serio esta advertencia. Una candidatura asegurada en las mesas de los partidos puede desvanecerse en las urnas si la sociedad encuentra una alternativa creíble fuera de ellos. Cuando el ciudadano cansado de las cúpulas descubre que sí tiene a quién ofrecerle su voto, los cálculos de mesa dejan de valer y las encuestas de hoy se vuelven historia. Ganar la candidatura no es ganar la elección, y creer que son lo mismo es el error más caro que puede cometer un político que se sabe favorito.

La condena de la que habla el título todavía no está firmada. Que se firme o no dependerá de una sola cosa: de que el caballo negro deje de ser una promesa y se convierta en candidato.

O la aparición de un cisne negro, Los cisnes negros suelen irrumpir en la escena pública a través de diferentes formas una de ellas es la aparición de un candidato que capitalize el descontento y logran victorias aplastantes que las encuestas tradicionales daban por imposibles.

La aparición de estos dos eventos puede darse en simultáneo, el cisne negro destruye el tablero político tradicional, eliminando a los candidatos favoritos o cambiando las prioridades del electorado. Esto abre un vacío de poder que el caballo negro aprovecha para avanzar rápidamente hacia la victoria.

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