Más allá de la Gubernatura

Más allá de la Gubernatura
Por: Juan Manuel Acuña
Existe una ilusión óptica en la política sinaloense: creer que el destino del estado se define exclusivamente en el tercer piso del Palacio de Gobierno. La atención pública, las campañas de tierra y las carretadas de dinero se vuelcan siempre hacia la candidatura a gobernador. Sin embargo, se nos olvida una verdad estructural: un buen gobernador sin Congreso es un rehén; y un mal gobernador con un Congreso sumiso es una tragedia institucional.
Ganar la gubernatura es ganar la administración; pero ganar el Congreso Local es ganar las reglas del juego. Si la sociedad civil y las fuerzas políticas quieren de verdad rescatar el rumbo del estado, tienen que dejar de ver la lista de diputados locales como el premio de consolación o la cuota para los amigos. Necesitamos un auténtico trabuco de candidatos al Congreso, una alineación de perfiles disruptivos, capaces y con un peso específico tan sólido que obliguen a la ciudadanía a voltear la mirada hacia la boleta legislativa.
El analista Sergio Rosales pone el dedo en la llaga al diagnosticar el mal crónico de la gobernanza actual: el Poder Ejecutivo sufre de una “percepción aritmética de la política”. Cree que gobernar es solo administrar presupuestos, asignar sectores, contraer deuda y repartir asistencialismo. En esa lógica vertical, el desarrollo se reduce a cemento y transferencias de dinero.
Para que este modelo inercial funcione sin estorbos, el Ejecutivo ha convertido históricamente al Congreso en una ventanilla de subordinación. Se violan sistemáticamente principios constitucionales básicos, como el Artículo 20 de la Constitución de Sinaloa, que prohíbe explícitamente la reunión de dos o más poderes en una sola corporación. Cuando los diputados locales actúan como empleados del gobernador en turno, la división de poderes se convierte en una farsa.
Para que la sociedad entienda la urgencia de tomar el control del Poder Legislativo, hay que recordar tres facultades exclusivas (estipuladas en el Artículo 43 local) que pesan más que cualquier decreto de un gobernador:
El freno presupuestal y de deuda: El gobernador propone, pero el Congreso dispone. Ningún centavo se gasta y ninguna deuda se contrata sin la aprobación de los diputados. Controlar el Congreso es controlar el flujo del dinero público para evitar el uso electoral del presupuesto.
El contrapeso de la fiscalización: El Congreso tiene a su cargo la Auditoría Superior del Estado (ASE). Un legislativo independiente es el único capaz de auditar las cuentas, frenar la opacidad y, si es necesario, activar los mecanismos de Juicio Político (Art. 133) ante violaciones graves a los intereses públicos.
El diseño del futuro (Reforma Política y Económica): Los problemas de Sinaloa no se resuelven con ocurrencias del momento, sino con reformas de fondo. Sergio Rosales plantea que el estado necesita transitar hacia un modelo donde la ley obligue a tomar decisiones basadas en capacidades técnicas y méritos, no en lealtades ciegas (como marcan los artículos 130 y 131 sobre el perfil de los servidores públicos).
Para cambiar la historia, la oferta política tiene que ser impecable. No podemos seguir mandando al Congreso a personajes grises que solo van a levantar la mano o a cobrar la dieta. Si queremos que la sociedad se emocione y entienda lo que está en juego, la lista de candidatos a diputados locales debe ser un trabuco de profesionales: hombres y mujeres de probada reputación, expertos en leyes, economía, desarrollo regional y políticas públicas.
Necesitamos un bloque legislativo que actúe como un verdadero nodo de inteligencia estratégica aliado con los municipios y los sectores productivos. Si la oposición presenta perfiles con esa estatura, la ciudadanía comprenderá de inmediato que el voto por el diputado local es el verdadero voto útil para equilibrar el poder y blindar a Sinaloa de los excesos autoritarios.
Gobernar Sinaloa no es un asunto de un solo hombre o una sola mujer en el Ejecutivo. El cuadrante ganador requiere una Reforma Política y una Reforma Económica transversales que solo se pueden operar desde la tribuna del Estado.
En las próximas elecciones, el gran reto ciudadano no es solo cambiar de inquilino en el tercer piso, sino rescatar al Congreso Local. Quien controla el Congreso, dicta el rumbo del desarrollo. Pongamos la mirada en los diputados; ahí es donde nos jugamos el verdadero contrapeso de la democracia sinaloense.





