Juan Manuel Acuña

Somos o no somos

Somos o no somos

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

El tiempo transcurre y el nuevo partido Somos en Sinaloa parece estar viviendo el sueño de los justos. A la fecha, su presencia mediática y operacional es prácticamente nula. De los veinte municipios del estado, tengo información de que solo en seis han logrado conformar sus comités municipales, mientras que el comité estatal sigue sin constituirse.

¿Qué es lo que realmente existe? Tan solo un delegado en funciones de presidente, una figura sumamente alejada de la democracia interna. Para respetar la esencia democrática del partido, el presidente estatal debería ser electo a través de una asamblea formal con la participación de los representantes de los comités municipales, trámite que sencillamente no se ha realizado.

¿Qué está pasando? Lo de siempre: las luchas intestinas en un espacio que prometía ser distinto.

En sus inicios, bajo el liderazgo de Raúl Ibáñez —quien invitó a Carlos Doig Alvear a sumarse al proyecto—, conformaron una mancuerna sólida. Sin embargo, una vez obtenido el registro, las cosas cambiaron drásticamente. Carlos Doig, respaldado por un grupo externo, busca apropiarse del partido en la entidad, lo que ha paralizado el avance organizativo y sumido al proyecto en un verdadero viacrucis.

¿Habrá solución a esto? Esperemos que sí. Es cuestión de que alguien ponga orden, y ese alguien es Guadalupe Acosta Naranjo. No obstante, se ha tardado en intervenir; de no hacerlo pronto, Somos en Sinaloa seguirá siendo un cero a la izquierda.

Acosta Naranjo consideró que enviar a un delegado en funciones de presidente resolvería el problema, pero se equivocó. Envió a un perfil con cero conocimiento del quehacer político en Sinaloa; si bien nació en el estado, toda su vida ha estado fuera. En lugar de sumar, su presencia solo complica y empeora las cosas.

Esta dinámica distorsiona el propósito fundamental del proyecto. Somos representa a la sociedad civil y es, sin duda, el camino para muchas candidaturas ciudadanas que no buscan militancia partidista tradicional. Raúl Ibáñez tiene muy claro el deber ser de Somos: convertirse en el aliado y la herramienta de la ciudadanía para acceder al poder. Aunque el panorama rumbo al 2027 luce difícil, no es imposible disputar posiciones clave —incluso la gubernatura— si se construyen acuerdos inteligentes con los demás partidos de oposición. Esto no solo garantizaría rebasar el tres por ciento requerido para su permanencia, sino posicionar a Somos en Sinaloa muy por encima de esa cifra.

Lo que es un hecho es que si la dirigencia nacional no corrige el rumbo de inmediato, si no escucha a los militantes de Somos en Sinaloa, y si estos no luchan por su derecho a definir a su propia dirigencia estatal, el destino del partido en la entidad quedará en el aire. El tiempo corre y se corre el riesgo de perder la oportunidad histórica de ser la verdadera voz de la ciudadanía en Sinaloa.

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