Bosco de la Vega Valladolid

Bosco de la Vega Valladolid
Por Juan Manuel Acuña Salomón
La hora de las definiciones
Sinaloa se desangra y la partidocracia se esconde detrás de boletines tibios y cálculos electorales para el 2027. Están esperando a que la tormenta pase para ver qué cenizas quedan y cómo se las reparten. Ninguno ha dicho “esta boca es mía”. Le sacan al bulto. Le temen al costo político, le temen al aparato oficial y, peor aún, le temen a asumir la responsabilidad histórica de un estado en ruinas. Si la solución dependiera de los políticos tradicionales, Sinaloa ya estaría desahuciado.
Por eso escribo estas líneas sobre personajes que, probablemente, ni siquiera han pensado en meterse a la boleta electoral. Al igual que lo hice en su momento con Heriberto Félix, lo hago hoy sin su permiso y sin que ellos hayan levantado la mano. ¿Por qué? Porque en la peor crisis de la historia moderna de Sinaloa no podemos sentarnos a esperar a ver qué candidatos nos imponen los partidos de siempre. Hoy no es el político el que debe salir a buscar el poder; es la sociedad civil la que tiene la obligación de salir a buscar a los perfiles probados, a los que sí saben dar resultados.
Vuelvo a aclararlo: esto no es un destape. Serán ellos quienes tengan la última palabra del sí o el no. Lo que yo hago aquí es un análisis lo más frío y certero posible. Mientras la algarabía de los políticos tradicionales contrasta con el silencio temeroso del sector productivo, la realidad nos exige madurez. Meterse a la arena en la peor crisis de seguridad, económica e institucional de nuestra historia implica un riesgo real; pero se trata de salvar a Sinaloa, y los de siempre no lo van a hacer porque ellos mismos son parte del ecosistema que causó el colapso.
Es ahí donde los ojos se vuelven, por necesidad y urgencia, hacia quienes han sostenido la economía del estado cuando el gobierno estorba. Perfiles como el de Heriberto Félix Guerra, Bosco de la Vega, Juan Carlos Castañón, Juan Habermann, Manuel Clouthier y Agustín Coppel, entre otros, salen a la luz pública. No son personajes sacados de la manga; son nombres que la propia sociedad civil ya menciona en voz alta.
Los políticos tradicionales no entienden de planeación, de estrategia ni de resultados reales. Para salvar a Sinaloa necesitamos voltear a ver a quienes ya demostraron, con hechos y no con promesas, que saben mandar y resolver bajo presión.
Aquí es donde el nombre de Bosco de la Vega y los otros mencionados cobran una relevancia absoluta. Bosco estudio Ingeniería Industrial y de Sistemas por el Tec de Monterrey y Programa de Alta Dirección por el IPADE, presidió el Consejo Nacional Agropecuario; no solo sabe de agricultura, sabe sentarse con presidentes, negociar tratados internacionales frente a los lobbistas más duros de Washington y articular los intereses de sectores económicos enteros. Esa no es una habilidad de nicho; es capacidad ejecutiva pura. Alguien que ya operó en las grandes ligas del desarrollo global tiene el panorama completo en la cabeza: entiende de logística, de cadenas de valor, de atracción de capitales y de institucionalidad. Si tuvo la visión para defender la posición de México ante el mundo, tiene de sobra la capacidad para trazar la ruta de reconstrucción que Sinaloa necesita urgentemente en seguridad, economía y tejido social.
Esta es una breve semblanza de Bosco de la Vega. Así como esta, haré la de los demás personajes mencionados. Hombres con este perfil son los que Sinaloa necesita porque tienen la capacidad real de rescatar al estado.
Debemos entenderlo de una vez por todas: no andamos buscando reinas del carnaval ni al candidato más popular. Andamos buscando capacidad. Dirán los escépticos que estos perfiles no son conocidos en las colonias, que no son populares o que las bases no los ubican. Precisamente para eso debe quedar el trabajo de los partidos políticos: ellos deben brindar la estructura territorial y jurídica para operar y empujar los perfiles ciudadanos que el estado requiere con urgencia. La mesa está puesta y la hora de las definiciones llegó.





