Juan Manuel Acuña

Con la fuerza del corazón

Con la fuerza del corazón

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

Hablar de un «caballo negro» en política no es una ocurrencia ni un recurso retórico. Es referirse a esa figura que, sin figurar todavía en el mapa de las encuestas tradicionales, irrumpe en el momento justo, capitaliza el hartazgo ciudadano y termina definiendo la contienda.

Hoy, la sola posibilidad de que un perfil de ese peso haga presencia e irrumpa en la entidad obliga a los delanteros a revisar sus números y ajustar sus cuentas. Me refiero a quienes encabezan las aspiraciones de la oposición, como Paola Gárate y, de manera muy particular, Mario Zamora.

En política existe una máxima inevitable: hay actores que alcanzan el techo de su rendimiento en una primera etapa y, de empeñarse en seguir por la misma inercia, corren el riesgo inútil de desgastarse aceleradamente. Mario Zamora ha hecho un esfuerzo notable en este primer tramo y, de acuerdo con mis análisis, se mantiene posicionado como la mejor carta de la oposición. Precisamente por ello debe cuidar cada detalle. Le toca cerrar con inteligencia esta fase y abrir una nueva donde demuestre madurez, dominio de la problemática del estado y, sobre todo, cómo resolverla.

Hacer campaña apoyados únicamente en «encuestas patito» —que un día ponen a uno arriba y al día siguiente a otro— es un autoengaño táctico que suele costar caro en las urnas. Es rarísimo el candidato que logra liderar de punta a punta sin desgastarse. El tema del «caballo negro» flota en el ambiente; no significa que ya sea un hecho consumado, pero la posibilidad está puesta sobre la mesa.

¿Encaja Heriberto Félix Guerra en esa figura emergente que podría aparecer en Sinaloa? Absolutamente.

Primero, porque no es ningún improvisado: conoce las entrañas del estado, la administración pública y el sector empresarial. Segundo, porque su trayectoria le otorga una solvencia moral y una capacidad de interlocución que muy pocos actores conservan en medio del deterioro social y económico que atraviesa la entidad. En un escenario donde la política tradicional luce desfondada y la oposición fragmentada, Heriberto representa madurez estratégica, perfil técnico y la frescura de quien no arrastra los vicios de las cúpulas recientes.

Su regreso a la escena no solo es viable; es una decisión en puerta que reactivaría a bases sociales hoy apáticas o desencantadas. No hablo por especulación, sino con base en información de primera mano y en la respuesta tangible de la gente: mi entrega anterior superó las 30,000 visualizaciones orgánicas, con más del 90 por ciento de comentarios abiertamente favorables hacia su perfil. Hay una conversación real latiendo en la calle.

Desde luego, el caballo negro es solo una de las variables a tomar en cuenta. No es la única. En el radar también juegan los factores de facto y las negociaciones de cúpula nacional, como la latente amenaza de una imposición de Paloma Sánchez impulsada desde México por Alejandro Moreno.

En la política no hay palabra de honor ni triunfos garantizados antes de tiempo. Quienes hoy se sienten cómodos en la cima deben entender que el tablero se puede mover en cualquier instante. Subestimar la irrupción de un caballo negro —o los manotazos de la dirigencia nacional— sería el primer paso hacia la derrota.

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