De la queja a la acción: la marcha del 13 de septiembre

De la queja a la acción: la marcha del 13 de septiembre
Por Juan Manuel Acuña Salomón
Análisis crítico a la propia sociedad civil organizadora: la convocatoria a la marcha de este 13 de septiembre será la prueba de fuego de la ciudadanía en Culiacán.
Culiacán se alista para volver a tomar las calles este domingo 13 de septiembre. La expectativa no medirá únicamente el volumen de pasos sobre el pavimento, sino la capacidad ciudadana para trazar una agenda colectiva que trascienda la coyuntura. Será la prueba de ácido de una sociedad civil que busca consolidar el paso definitivo de la resignación a la exigencia efectiva.
Una marcha no pertenece a quien la organiza ni a quien agarra el micrófono en el pódium. La percepción es clara: un grupo reducido de liderazgos empresariales y de opinión se ha apropiado de la narrativa, la logística y la vocería. Cuando la lista de oradores se decide en un círculo cerrado donde casi siempre hablan los mismos, el evento pierde su carácter orgánico y se convierte en un escenario vertical.
La paz no es propiedad de un gremio ni de un club de convocantes. Si la voz de las víctimas, los jóvenes, los pequeños comerciantes y los ciudadanos de a pie queda subordinada al guion de unos cuantos, la marcha corre el peligro de nacer neutralizada antes de salir de La Lomita.
Por otro lado, pretender una “pureza apolítica” es una ilusión. Toda manifestación pública que exige garantías y señala fallas de gobierno es, por definición, un acto político. Excluir formalmente a la oposición es un error: el político puede acudir a marchar como un ciudadano más afectado por la crisis, sumando su presencia bajo la regla estricta de asistir sin logotipos, banderas ni discursos partidistas. Al final, los partidos son los canales constitucionales para acceder al poder y transformar las cosas, pero la titularidad del reclamo le pertenece de forma exclusiva a la sociedad.
La verdadera prueba del 13 de septiembre estará en si la ciudadanía es capaz de superar la apatía, desbordar el guion de sus propios voceros y hacer oír su voz en las calles. En resumen: no es la marcha de la COPARMEX, ni de Martha Reyes y su equipo; es la marcha de una sociedad civil activa y comprometida que se niega a normalizar la excepción.





