Juan Manuel Acuña

El dilema del PRI en Sinaloa

El dilema del PRI en Sinaloa

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

Vamos analizando al PRI bajo un escenario crudo: ir solos en las boletas. ¿Quiénes son los suspirantes reales a la gubernatura y a la presidencia municipal de Culiacán?

Para ser francos, las vacas están flacas. El partido arrastra el desgaste de la marca, pasados que pesan y una imagen deteriorada; las siglas ya no aportan, restan. En esa corta baraja, el juego se divide formalmente en dos bandos: los que tienen el aire y el que tiene la tierra.

Poniendo las cartas sobre la mesa, este es el balance de pros y contras de los suspirantes:

Paloma Sánchez. Cuenta con presencia mediática estatal; su nombre suena en el norte, centro y sur del estado, respaldado por un posicionamiento de marca personal y acceso directo a los micrófonos y a las cúpulas. Sin embargo, opera en la orfandad estructural. Su único sostén real es “Alito” Moreno: mucho aire en el centro del país, pero con una evidente asignatura pendiente en el trabajo de tierra sinaloense. Carece de bases reales abajo que empujen su proyecto.

Mario Zamora. Hace un esfuerzo personal que se reconoce y mantiene vigencia, pero avanza suelto, operando sin una plataforma partidista real que lo respalde orgánicamente en las comunidades.

 

Paola Gárate. Da la batalla desde la trinchera de la dirigencia, pero en su dinámica se nota a leguas la falta de apoyo estructural y financiero de peso, tanto en el ámbito nacional como en el estatal.

Noé Heredia. Trae el control territorial de Culiacán. En la lógica de las matemáticas del poder, la capital representa el 33% del padrón electoral del estado. Controlar ese territorio —donde también se asoma Érika Sánchez— es tener el verdadero músculo operativo para el día de la elección. Su debilidad es la falta de presencia estatal; fuera de los límites de la capital, su nombre no tiene el mismo eco ni el posicionamiento mediático que sus contrapartes. Aspira a la gubernatura y topa con esa frontera; una frontera que, con estrategia y trabajo, se puede vencer.

La paradoja letal: Si el PRI decide ir solo, se enfrentará a una encrucijada matemática. ¿De qué sirve tener presencia mediática en todo el estado (aire) si no hay estructura que movilice el voto las estructuras el día de la elección? Y del otro lado: ¿Le alcanzará al control territorial de Culiacán (tierra) para sostener por sí mismo una campaña de alcance estatal?

Si le buscamos, saldrán más espontáneos, pero con algo real en las manos, solo están los mencionados. Remar contra corriente es su destino y les tocará demostrar con hechos si logran amalgamar la tierra con el aire, o si el vacío estructural terminará por devorar las últimas siglas del priismo en Sinaloa.

Es aquí donde entra de nuevo la verdadera polémica estratégica: la necesidad de una Gran Alianza total o, al menos, una coalición PRI-PAN. Esas son, hoy por hoy, las únicas dos opciones reales para poder competir con Morena de tú a tú, con posibilidades reales de ganar y evitar que el aislamiento se traduzca en un suicidio político anunciado.

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