Sinaloa: ¿Nos vamos a morir de rodillas?

Sinaloa: ¿Nos vamos a morir de rodillas?
Por Juan Manuel Acuña Salomón
Aceptemos la verdad aunque duela: a Sinaloa lo están domesticando. Nos están quebrando el orgullo a billetazos y miedo. Nos da pavor admitirlo, pero si Morena vuelve a ganar en el 2027, el Sinaloa que conocimos —el de la gente entrona que no le pedía nada a nadie, el que levantaba empresas a puro pulmón y hacía parir la tierra— va a desaparecer para siempre. Nos van a dejar un estado zombie.
Los números de los expertos dicen que tardaremos diez años en recuperarnos de la narco-guerra que estalló en 2024. ¡Mentira! Esos diez años ya se convirtieron en una condena perpetua si dejamos que el oficialismo se quede otra gubernatura. Hagan la cuenta: cinco años perdidos con el gobierno actual, más otros seis del que viene, nos plantan en el 2033 con doce años de retroceso. Toda una generación tirada a la basura. ¿Saben qué significa eso en la vida real? Que tus hijos y tus nietos no van a tener un Sinaloa donde prosperar; van a tener una sucursal de la miseria controlada desde la Ciudad de México.
Nos están aplicando un coma inducido. El plan es perverso pero simple: romperte las piernas para luego regalarte las muletas y obligarte a que les des las gracias. Quieren una sociedad de mendigos digitales, estirando la mano cada dos meses por una tarjeta de Bienestar que apenas alcanza para comprar el súper carísimo de la quincena. Te quieren pobre, te quieren hambreado, porque el que tiene hambre no piensa, no exige y, sobre todo, no vota en contra. Vota por supervivencia. Cambiamos el futuro de nuestros hijos por una despensa mensual. ¿Ese es el Sinaloa del que nos sentíamos tan orgullosos?
Miren al campo. Al agricultor sinaloense ya le pusieron la soga al cuello y en el 2027 le van a patear la silla. Sin apoyos, sin financiamiento y con el gobierno dándoles la espalda, los productores van a terminar entregando sus parcelas por unos cuantos pesos a consorcios foráneos. El ejidatario, el agricultor que antes era el rey de los valles, va a terminar de jornalero, sudando en su propia tierra para enriquecer a un patrón de fuera.
¿Y para los jóvenes profesionales? La nada. No habrá dinero local para financiar una sola idea sinaloense. El destino de los muchachos egresados de las universidades será uniformarse para ser cajeros, guardias o empleados operativos en los proyectos clonados que traen de fuera. Mano de obra barata, calificada y agachada. Nos están quitando el derecho a ser dueños de nuestro propio estado.
Y lo peor, lo más podrido, es la famosa “paz” que nos venden. Esa paz fría y negociada que no es paz, es complicidad. Una paz donde el gobierno voltea para otro lado mientras tú, comerciante, tú, restaurantero, tú, ciudadano común, pagas el cobro de piso invisible en el precio del pollo, de la carne, de las tortillas y del transporte. Estamos pagando por respirar en nuestra propia casa. Nos estamos volviendo rehenes silenciosos de un sistema que administra el crimen en lugar de combatirlo, con tal de que las masacres no salgan en el periódico y no les arruinen la candidatura.
La pregunta ya no es qué va a hacer el gobierno. La pregunta te la tienes que hacer tú frente al espejo: ¿De verdad nos vamos a dejar? ¿De verdad nos vamos a convertir en esa sociedad de zombies manipulados, mudos y resignados a que nos den de comer en la boca?
Si en el 2027 volvemos a votar por los mismos que nos tienen encerrados en nuestras casas y con el negocio quebrado, no nos quejemos después. El peor riesgo de Sinaloa no es que la economía colapse; el verdadero peligro es que nos rindamos por comodidad.
La moneda está en el aire, pero el tiempo se nos acaba. Aquí ya no caben las medias tintas, las quejas de café ni el lamento silencioso en redes sociales. La única salida real, la única medicina contra el coma inducido que nos quieren recetar, es el voto masivo en este 2027.
No basta con salir a ganar por un pelito; a Sinaloa le urge ganar con un margen contundente, aplastante y sin discusión. Un resultado tan claro que no deje espacio para las trampas, los dobleces ni las negociaciones en lo oscurito desde las oficinas del centro del país.
El voto de castigo tiene que ser un rugido, no un susurro. Si nos quedamos cruzados de brazos, si dejamos que el miedo o la apatía ganen las calles, estaremos firmando nuestra propia sentencia de muerte productiva. Salir a votar masivamente en el 2027 es recuperar las llaves de nuestra casa, rescatar el campo, liberar a nuestros comercios y garantizar que nuestros hijos tengan un futuro donde emprender y crecer con la frente en alto.
El destino de Sinaloa lo decidimos los sinaloenses en las urnas, o nos resignamos a ser el cascarón vacío de un experimento político que nos quiere de rodillas. Tú decides: o salimos en masa a salvar el estado, o nos convertimos en los cómplices silenciosos de su ruina. Despierta, Sinaloa, que la última llamada es en las urnas.
La Alianza PAN-PRI o PRI-PAN en el orden que gusten es una propuesta viable con la que se sacaría a Morena del gobierno en Sinaloa. En mi próximo artículo haré un análisis de los números fríos y el porque dijo que se gana.





