Juan Manuel Acuña

SOMOSMX: la Gran Alianza Ciudadana

SOMOSMX: la Gran Alianza Ciudadana

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

Un nuevo jugador ha entrado de lleno al tablero sucesorio de las elecciones del 2027 en Sinaloa: se trata de SOMOSMX. Al frente de este esfuerzo en Sinaloa ha estado Raúl Ibáñez, coordinando los trabajos junto a un grupo muy representativo de la sociedad civil que se la jugó por completo para consolidar esta opción.

Pero marquemos la raya desde el principio. Si SOMOSMX se conforma con administrar la burocracia partidista y cuidar el modesto registro de poco más de 32,000 votos, terminará siendo otra sigla del montón; otro satélite atrapado en la gravedad de la mediocridad. Sin embargo, la realidad actual de Sinaloa —bizarra, compleja y profundamente agraviada— exige y da para muchísimo más.

El manual tradicional de la política dice que un partido nuevo, sin grandes estructuras ni los millones del presupuesto público, está condenado a no pasar del 3 por ciento de la votación. Y tienen razón, siempre y cuando pretendan jugar con las viejas reglas. Pero lo que las encuestas tradicionales no logran medir es el tamaño del volcán que ruge por debajo de la superficie. La inconformidad de la sociedad sinaloense contra el actual gobierno es inmensa. Hoy no se manifiesta en las calles, pero se está guardando para estallar en las urnas mediante un voto de castigo masivo en contra de Morena.

Si mis cálculos y análisis no mienten: hay más de 350,000 votos flotando en el aire. Para entender de dónde sale esta inmensa orfandad política, basta con mirar las actas del pasado reciente y contrastarlas con la fotografía y las encuestas del Sinaloa actual.

En la elección gubernamental del 2021, Rubén Rocha Moya llegó al tercer piso con una votación histórica que superó los 624,000 sufragios. Fue un tsunami electoral alimentado por un enorme voto de confianza de sectores que tradicionalmente no militaban en la izquierda, pero que exigían un cambio drástico. Sin embargo, el ejercicio del poder desgasta, y los resultados —o la falta de ellos— terminaron por romper ese idilio. Hoy, el promedio de las encuestas más serias revela un desplome dramático: la marca oficialista retiene un techo máximo de apenas 35 puntos porcentuales de la intención de voto, lo que en el padrón electoral real de Sinaloa se traduce, a lo mucho, en unos 350,000 votos. ¿Qué pasó con el resto? Se esfumaron del bloque oficial.

Esos más de 350,000 electores desamparados tienen rostro, nombre y apellido en nuestro estado:

La clase media sinaloense: El motor profesional y urbano que exige orden, certidumbre y servicios públicos eficientes, y que hoy se siente ignorada por la retórica oficial.

Entre ellos los agricultores y productores: El corazón económico del estado, que en un principio dio el beneficio de la duda y hoy se encuentra contra las cuerdas, desmantelado en sus apoyos comerciales y financieros. Los empresarios y comerciantes: Desde las pequeñas tienditas de las colonias hasta los medianos empresarios de Culiacán, Mazatlán y Ahome, atrapados entre una economía local asfixiada y la nula protección institucional.

Toda esta fuerza productiva y civil ya tomó una decisión irreversible: viendo los resultados, no van a volver a votar por Morena. Buscan con desesperación un refugio digno para su voto. El error de las cúpulas del PRI y el PAN es asumir de manera soberbia que, por el simple hecho de que la gente esté inconforme con el gobierno, esos votos van a regresar en automático a sus viejas siglas. La realidad es que la clase media y los sectores productivos tampoco quieren saber nada del pasado.

Están ahí, buscando un contenedor limpio. Y es exactamente en esa enorme grieta donde se consolida la Gran Alianza Ciudadana a través de SOMOSMX. Pero para lograrlo, la premisa de fondo tiene que ser revolucionaria: el ciudadano no se afilia para servir al partido; el partido le sirve al ciudadano.

El partido debe entenderse únicamente como un vehículo legal, un instrumento jurídico puesto al servicio de la gente. Las siglas son de la sociedad, no de una dirigencia.

Bajo este principio, las reglas tienen que ser abiertas, transparentes y sin dados cargados. El verdadero reto consiste en armar un auténtico trabuco de candidatos a lo largo y ancho del estado. Ir por aquellos liderazgos regionales, agricultores, profesionistas, académicos y activistas cuya fortaleza no radique en una estructura corporativa, sino en su propio carisma, su arrastre social y su honestidad probada.

Si SOMOSMX asume plenamente este rol de herramienta ciudadana, los 350,000 huérfanos políticos de Sinaloa encontrarán su trinchera. No estamos hablando de una posibilidad teórica; la Gran Alianza Ciudadana está sucediendo y el 2027 se va a definir ahí.

SOMOSMX: la Gran Alianza Ciudadana

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