Hablando claro

Hablando claro
Por Juan Manuel Acuña Salomón
El desconcierto que ha causado esta serie de análisis en los pasillos de la micro-política sinaloense responde a que los de siempre están buscando desesperadamente adivinar una “línea” o un “gallo” individual. No han entendido absolutamente nada. La tesis que sostengo en este espacio es de orden estructural: Sinaloa enfrenta una crisis sistémica de tal magnitud que ningún perfil, por más brillante que sea, podrá rescatar al estado en solitario. La solución no es unipersonal; es colectiva.
Poner sobre el tablero los nombres de personajes de peso completo como Juan Enrique Habermann, Agustín Coppel Luken, Bosco de la Vega, Heriberto Félix, Juan Pablo Castañón, Manuel Clouthier o Jesús Vizcarra, ha tenido como objetivo demostrar la inmensa riqueza de capacidades que la sociedad organizada tiene listas para el servicio del estado. La hipótesis central de esta tesis es clara: cualquiera de los perfiles mencionados que decida dar el paso al frente para encabezar el rescate de Sinaloa, tiene la capacidad, la estatura y la legitimidad para recibir el apoyo unánime e institucional de todos los demás.
Si cada uno de ellos decide irse en solitario, estará remando contracorriente; pero juntos, conforman un ecosistema de soluciones contra el que la clase política tradicional simplemente no puede competir. No existe una línea predeterminada ni un favorito de antemano. El verdadero valor de este bloque histórico radica en que, si platican entre ellos y coordinan sus fortalezas, se vuelven un frente invencible. Si el elegido final es respaldado por todo el sector organizado, las posibilidades de sacar a Morena se multiplican.
Se ha dicho que la única manera de ofrecer una alternativa real a las familias sinaloenses es a través de una gran alianza total. Pero hay que hablarlo con una verdad de a kilo: si las cúpulas de los partidos tradicionales se hunden en el sectarismo, las cuotas y la soberbia de siempre, la sociedad civil organizada tiene la obligación de tomar el timón por la fuerza de sus ideas. Si la oposición no es capaz de escuchar, si no entiende que está en su peor momento y que apoyar a un candidato ciudadano es lo único que haría subir sus bonos, entonces la ciudadanía debe avanzar sin ellos.
Pongamos las cosas en su justa dimensión y sin medias tintas: en esta encrucijada, si no estamos unidos, nos va a llevar el carajo. Sinaloa ya no aguanta más de lo mismo. Por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia el estado debe quedar en manos de los líderes tradicionales partidistas de siempre, esos que ven la crisis como un botín de cuotas y no como una emergencia estatal. El candidato tiene que emanar, por derecho y por urgencia, de las filas de la sociedad organizada.
Afortunadamente, en caso de no haber alianza existe un camino viable para sortear la parálisis del sistema actual y unificar a estos personajes bajo una sola plataforma común: Somos MX. Ante el vacío político, esta propuesta ciudadana se levanta como la única opción orgánica para articular el frente que Sinaloa necesita. La fuerza de este bloque, unida bajo un mismo propósito y sellada por la unanimidad, es la última llamada para devolverle el rumbo, la paz y la grandeza a nuestro estado.






El argumento, además, introduce un concepto de enorme relevancia en la teoría política contemporánea: la legitimidad horizontal. No propone que el liderazgo emane únicamente del voto o del aparato partidista, sino del reconocimiento recíproco entre actores con distintos capitales —empresarial, social, técnico y moral—, capaces de conformar una coalición funcional. En términos de gobernanza, el texto privilegia la cooperación sobre la competencia