En Sinaloa: Cierre de filas o salto al vacío

En Sinaloa: Cierre de filas o salto al vacío
Por Juan Manuel Acuña Salomón
A las complejas condiciones de seguridad, parálisis económica y deterioro institucional que arrastra Sinaloa, se suma la acelerada descomposición del panorama político-electoral en la oposición. Mientras la ciudadanía padece los estragos de la realidad y exige contrapesos serios, la política local se empantana en el cálculo chiquito, la pugna de café y decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia.
Se ha insistido hasta el cansancio en la urgencia de estructurar una alianza opositora —si no total, al menos parcial— entre el PRI y el PAN, o entre el PAN y Movimiento Ciudadano. Sin embargo, a la fecha ambas vías lucen distantes, atrancadas más por la soberbia y la miopía de las dirigencias que por una imposibilidad matemática en las urnas.
Sin acuerdos a la vista, el escenario inevitable es que cada fuerza termine compitiendo con sus propias siglas. Y es en ese tablero fragmentado donde el reacomodo de las fichas se pone verdaderamente interesante.
Las fichas sobre la mesa
Paloma Sánchez (PRI): Apoyada por la dirigencia nacional del tricolor, representa el control directo de la cúpula. Si bien su posición en el Senado le otorga reflector mediático, su distancia con las bases y con los grupos reales del estado es marcada. En los pasillos políticos suena con insistencia la versión de que evaluaría hacerse a un lado para dedicarse a asuntos estrictamente personales y familiares; un pretexto conveniente para una salida digna ante un terreno que se le complica cada día más.
Mario Zamora Gastélum (PRI): Trae nivel de conocimiento en el estado y red de contactos a nivel central, pero carga también con el desgaste de batallas pasadas y el choque frontal con el comité nacional de su partido. Ante la cerrazón interna, ya toca puertas afuera: Somos México y Movimiento Ciudadano aparecen en el radar para no quedarse fuera de la boleta.
Paola Gárate Valenzuela (PRI): Su discurso combativo le ha dado tribuna y presencia entre la base opositora más dura. Si el PRI le cierra el paso por cuotas o imposiciones, su tono crítico encaja de inmediato en el interés del PAN, donde ya ven con buenos ojos arroparla.
Sergio «Pío» Esquer (MC): Ligado al sector productivo y empresarial, lleva la delantera en Movimiento Ciudadano. Representa una alternativa razonable para el electorado desencantado de la política tradicional, aunque su reto será hacer que la marca naranja penetre en las colonias populares y el campo sinaloense.
Roxana Rubio (PAN): Parece llevar la delantera dentro del PAN; tiene control del Comité Estatal y esa es su única fortaleza.
Hacia el interior del PRI, Noé Heredia se ha posicionado como el cuarto aspirante a la gubernatura; ya no están solos Paloma, Mario y Paola.
En este ambiente de deserciones inminentes, repliegues estratégicos y fugas anunciadas, la figura de Noé Heredia dentro del PRI deja de ser un simple destape para convertirse en una verdadera necesidad de supervivencia para el tricolor.
Frente a los perfiles construidos en la comodidad de los escritorios de la Ciudad de México, Heredia pone sobre la mesa activos que hoy el PRI no puede dudar en aprovechar:
Trabajo de piso y vinculación real: Mientras otros operan a control remoto, Noé Heredia ha mantenido un despliegue constante en las colonias, sindicaturas y comunidades. Conoce la estructura de base, a los liderazgos seccionales y habla el mismo lenguaje del militante que sostiene al partido.
Capacidad de contención: Si Paloma Sánchez termina por declinar y figuras como Zamora o Gárate migran a otras siglas, Heredia es de los pocos perfiles con la capacidad de frenar una desbandada generalizada y zurcir los parches de una estructura tricolor sumamente golpeada.
Oficio y trayectoria: Su paso por la gestión pública y partidista le da tablas para sostener una candidatura con cabeza, propuesta y cercanía.
El desafío de Noé Heredia está en apretar el paso para acelerar su posicionamiento en las zonas norte y sur del estado. Sin embargo, en un escenario donde el PRI corra el riesgo de quedarse sin candidato de peso o desintegrarse por completo, su nombre emerge con la fuerza de lo orgánico: la propuesta de casa, con capital territorial y capacidad real para salir a dar la batalla.
En conclusión, la oposición en Sinaloa no solo enfrenta la aplanadora del partido en el gobierno, sino su propia incapacidad para leer el momento histórico. La fragmentación, la vanidad política y la imposición de agendas lejanas solo benefician al proyecto oficialista y condenan al electorado a la falta de opciones reales.
Si el tricolor aspira a mantener cierta relevancia y no convertirse en un mero espectador del naufragio político estatal, está obligado a mirar hacia adentro y apostar por la legitimidad del territorio. La coyuntura ya no da para candidaturas de gabinete ni para improvisaciones dictadas a la distancia; exige perfiles con arraigo, capacidad de suma y presencia constante en la calle.
El tiempo se agota. O las fuerzas opositoras entienden que el capital real está en la base y en la reconstrucción del tejido local, o terminarán entregando, por pura miopía estratégica, la última trinchera que les queda.





