Jesús Vizcarra Calderón

Jesús Vizcarra Calderón
Por Juan Manuel Acuña Salomón
En el ejercicio de analizar con rigor los perfiles de la sociedad organizada capaces de rescatar a Sinaloa de su actual crisis sistémica, cometer el error de excluir a Jesús Vizcarra Calderón bajo el simplista y reduccionista argumento de que “está muy morenizado”, es no entender absolutamente nada de alta estrategia ni de la realidad del mundo organizado. En el tablero del poder real, a personajes de esta estatura no se les puede medir con la mirada corta del sectarismo partidista.
Hay una verdad de a kilo que en los círculos la política suele ignorar por pura hipocresía: todos los perfiles de peso completo que he mencionado en este espacio —unos más, otros menos— tienen, por la naturaleza y la escala de su trabajo, la obligación de estar cerca del poder en turno. Lo hace el gran empresariado, lo hace el sector agrícola exportador y lo hace cualquiera que mueva la economía del estado. Estar cerca del poder no significa, bajo ninguna circunstancia, estar de acuerdo con él ni compartir su ideología; significa responsabilidad, pragmatismo institucional y la madurez necesaria para entender que los puentes con el centro del país son indispensables para la viabilidad y la estabilidad de Sinaloa.
Para Jesús Vizcarra, esa capacidad de interlocución al más alto nivel de la política nacional no es una debilidad ni un sello de militancia; es un activo estratégico brutal que ya quisiéramos ver en la micro-política local. Mientras muchos se hunden en la queja estéril desde la barrera, Vizcarra tiene la mesa puesta en el centro del país para destrabar proyectos, bajar recursos y dialogar de tú a tú con las decisiones macroeconómicas que impactan directamente en nuestro estado.
Pero más allá de su éxito con un imperio global como SuKarne, o de su experiencia probada en la administración pública como exalcalde de Culiacán, la carta credencial más potente de Vizcarra ante la urgencia que hoy vivimos es su capacidad de ejecución social a gran escala. Su obra cumbre, Salud Digna, es la prueba fehaciente de que él sabe cómo resolver con rigor técnico, eficiencia y un profundo sentido humano lo que la burocracia tradicional simplemente ha sido incapaz de solucionar. Creó un modelo de bienestar masivo desde Sinaloa para todo el país, demostrando que sabe cómo dar resultados donde las cosas verdaderamente importan.
Entorno a su figura se han construido muchas leyendas urbanas y señalamientos de pasillo que se quedan en el estricto terreno de la especulación y el golpeteo político. Hay que hablar con claridad y con datos duros: en el plano legal, no existe ninguna acusación, orden de aprehensión ni investigación formal abierta en su contra, ni en México ni en los Estados Unidos, que lo inhabilite para actuar.
Por ello, en el análisis serio de la política, una cosa es mantener una indispensable cercanía institucional con el poder y otra muy distinta es compartir la ideología de la llamada Cuarta Transformación. Para un perfil de su estatura, el pragmatismo no es sumisión; es la llave para la gobernabilidad.
Al final del día, lo que Sinaloa espera y exige en esta encrucijada no son purismos ideológicos que no dan de comer ni regresan la paz; lo que se necesita es capacidad de mando, diagnóstico certero y vías de comunicación reales con el poder central para sacar al estado del hoyo. Jesús Vizcarra posee ese crossover único: conecta con los grandes capitales, tiene un arraigo popular indiscutible en las bases y posee la llave de la interlocución nacional. Dejarlo fuera del debate no es una opción; al contrario, es un perfil indispensable para entender el verdadero tamaño de la solución que Sinaloa necesita.





