Juan Manuel Acuña

El síndrome de la mula

 

El síndrome de la mula

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

Me refiero a cuando este síndrome decide meterse a la política; es decir, cuando una mula se pone un traje con una corbata de marca y pretende dirigir los destinos de una oposición en plena crisis de identidad.

Hoy, los partidos de oposición se miran al espejo y no ven su realidad; ven el reflejo de una mula orgullosa. Una que, parada a la orilla del precipicio, prefiere dar un paso al frente antes que aceptar que necesita caminar junto a otras para no caer al vacío.

Parecen rebuznar con orgullo: “Primero muertos que mezclados”. Se quejan amargamente del monopolio del poder, pero son incapaces de compartir el patio de su casa. Su terquedad no es una estrategia de resistencia; es un capricho de sobrevivencia personal. Están convencidos de que su logotipo —ese que hoy apenas rasguña los dos dígitos en las encuestas— es un patrimonio sagrado que no puede ser contaminado por el vecino. Prefieren ser los dueños absolutos de una ruina que los copropietarios de un edificio fuerte.

La oposición ha decidido emular esa maravillosa cualidad equina. Ven venir el temporal y, en lugar de buscar refugio conjunto o armar un frente común que resista el viento, deciden plantarse, firmes, orejas gachas, esperando que el universo se adapte a su capricho. Mientras el oficialismo opera con la precisión de una maquinaria bien aceitada, la oposición sinaloense juega a las comiditas.

Ir en alianza significa negociar. Pero ir solos, para ellos, aunque pierdan estrepitosamente, les garantiza mantener el control del partido, asegurar las tres o cuatro regidurías de consolación para los cuates y, por supuesto, seguir administrando las prerrogativas locales. Prefieren ser los monarcas absolutos de una ruina que los socios de un proyecto ganador.

Están tan desconectados del termómetro de las calles que no se han dado cuenta de que el ciudadano común en Sinaloa ya no cree en los santos de su devoción. El electorado sinaloense exige un frente común que rescate al estado, no un desfile de egos marchitos compitiendo por ver quién pierde de manera más digna.

Estoy convencido de que la única forma tradicional de sacar a Morena del estado es la alianza total, y si les quedara un ápice de sensatez, la unión PRI-PAN debería intentarlo. Sin embargo, de continuar esta terquedad, será indispensable buscar otra sigla para poder competir en este 2027 con candidatos ciudadanos, como siempre lo hemos propuesto.

Al final del día, la historia política no suele ser benévola con los tercos. Si insisten en cerrar las puertas, el electorado terminará por hacer lo que cualquier viajero pragmático hace cuando la mula se rehúsa a avanzar: dejarla atrás, cambiar de rumbo y buscar un vehículo que sí entienda el camino.

Si ellos quieren morir de orgullo, que lo hagan; pero que no arrastren al estado en su capricho. De seguir por esa vía, la sociedad les hará pagar su soberbia. Ese nuevo vehículo que los ciudadanos buscan ya tiene nombre en Sinaloa: se llama Somos México, la opción real que dará espacio a la sociedad organizada y a todos aquellos que están profundamente desilusionados de la terquedad del PRI-PAN-MC-PAS.

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