Juan Manuel Acuña

Cuando las cúpulas nacionales trapean con la dignidad local

Cuando las cúpulas nacionales trapean con la dignidad local
Por Juan Manuel Acuña Salomón

Por la dignidad de las entidades y la fe perdida en los partidos

Vamos a poner las cosas claras y sin anestesia: nos venden el cuento de que vivimos en una República Federal, pero en la práctica, las decisiones de los estados no valen ni el papel en el que imprimen sus estatutos. Hay un desprecio sistemático, casi naturalizado, por lo que piensa el militante de a pie en los municipios y en los estados.

Entiendo que la elección para Presidente, Senadores o Diputados Federales requiera un diseño de ajedrez nacional. Está bien, se los compramos. Pero, ¿de verdad alguien en un escritorio de la Ciudad de México sabe mejor que la gente de un municipio quién debe ser su Alcalde, su Diputado Local o su Gobernador? ¡Por favor! Es una burla a la inteligencia de las bases y una pisotada directa a la soberanía estatal.

La realidad es que hoy los Comités Directivos Estatales son simples oficialías de partes con sueldo. No tienen autonomía real porque las cúpulas nacionales se encargaron de amarrarles las manos con un manual de mañas muy bien estructurado:

Las encuestas “patito” y el dedazo disfrazado: Cuando la cúpula no quiere respetar a la militancia local, se saca de la manga una “encuesta interna” cuyo procedimiento nadie conoce y cuyos resultados mágicamente benefician al compadre, al amigo o al que mejor cabildeó en los pasillos de la capital. La democracia interna es una puesta en escena.

El chantaje del presupuesto: ¿Quieres autonomía? Primero págala. Los comités estatales están amarrados del cuello porque el Comité Ejecutivo Nacional administra la bolsa del dinero. Dirigente estatal que se pone rebelde, dirigente al que le cierran la llave de las prerrogativas hasta que pida perdón.

El ajedrez de las alianzas (“A ti te toca perder”): En las dirigencias nacionales entregan estados y municipios como si estuvieran jugando Monopoly. Firman coaliciones en la Capital donde ceden plazas históricas a partidos rivales a cambio de favores en otros lados. Les importa un comino si la militancia de ese municipio lleva diez años construyendo un liderazgo real: los entregan en paquete y al mayoreo.

Si un militante o comité local intenta defenderse, termina chocando contra la pared de los órganos internos de justicia del partido. Unos tribunales diseñados por y para la cúpula, donde el disidente siempre sale expulsado o congelado.

Y hay que decirlo con todas sus letras: la autonomía estatal también se vende desde adentro. Muchos líderes locales prefieren agachar la cabeza y acatar la “línea” nacional con tal de que les avienten un hueso o una diputación pluri. Prefieren ser aplaudidores del jefe nacional que defensores de su propia gente.

El resultado de esta comedia es una desconexión brutal. Cuando el candidato a Gobernador o a Presidente Municipal no nace de la voluntad de su militancia, sino de una negociación de cúpula a cientos de kilómetros de distancia, lo que nos entregan no es un líder, sino un delegado del centro.

Ya va siendo hora de que en los partidos se entienda que la patria se construye de abajo hacia arriba, no por un dedazo.

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